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martes, 6 de septiembre de 2011

HISTORIA DE INDRA y AHALYÂ


    Me gustaría compartir con vosotros esta bonita historia de amor entre dos seres, este mundo y los seres necesitamos amor, pero no un amor condicionado por nosotros o por terceros, el amor es un sentimiento que ha de brotar hacia afuera, fluyendo con la propia vida y con la de los demás, el amnor no es apego, ni deseo, ni falsedad, dolor o sufrimiento, el amor es Dios, su creación es amor y el amor es una energía pura, inalterable y creativa, capaz de hacer frente a cualquier obstáculo por muy inalterable o difícil que este sea. 
     
     El amor no es depender de otro o estar apegado a otro, incluso no es condicionar la vida de otro, el amor no tiene que ser para una sola persona, sino que debe de ser universal y sin condición, por que todos los seres nos lo merecemos, por que es allí en donde hay una gran fuente de energía llena de plenitud, de salud y lo mas importante de felicidad.

     En el país de Magadha había un rey llamado Indrayumna, cuya esposa, tan bella como la luna, se llamaba Ahalyâ. Vivía también por aquellas tierras, un guapo muchacho llamado Indra, de moral un tanto fribola y relajada. Un día, la reina oyó la historia, de la seducción de la legendaria Ahaylâ por Indra, el rey de los cielos. Como resultado de aquella historia, la reina concibió un gran amor hacia el joven Indra.

      Alhayâ se moría de amor por Indra y con la ayuda de una de sus criadas, se las arreglo para que el muchacho fuera a verla. El amor broto de forma incontenible entre los dos y a partir de entonces, Alhayâ y Indra, continuaron viéndose en secreto para disfrutar de un amor intenso y apasionado.

    
     Alhayâ estaba tan enamorada de Indra que le veía todas partes, su rostro se volvía radiante cuando oía hablar de el o escuchaba su nombre,. Como este amor iba creciendo constantemente, era ya casi imposible ocultarlo, sus relaciones llegaron a oídas del monarca, el cual se puso muy furioso y quiso condenar aquel turbio asunto castigando a los amantes de una forma ejemplar, fueron sumergidos en agua helada, quemados con aceite hirviendo,, pisados por los pies de un elefante, azotados noche y día. Pero por mas duros y crueles que eras sus castigos, Indra decia sonriendo:

"El universo entero no es nada para mi comparado con el amor que siento hacia mi amada, Nada me afectan todos y cada uno de estos suplicios por los que estoy pasando. Señor el individuo solo es mente y ese soy yo. Puedes castigar mi cuerpo,, pero no puedes castigar mi nente, ni producir el menor cambio en ella. Si la mente esta convencida de una cosa,, ocurra lo que le ocurra al cuerpo a ella no le pasara nada. No resulta afectada por los favores ni por las maldiciones, es como una gran montaña que no puede ser movida por los cuernos de una bestia enfurecida. El cuerpo no ha creado a la mente, si no que es la mente que crea ella misma el verdadero cuerpo. La mente es la única semilla del cuerpo, aunque muera el árbol, la semilla nunca muere, pero cuando muera la semilla, el árbol también morirá. Si parece el cuerpo, la mente puede crear otro cuerpo, por si misma".

      Comprovando la inutilidad de sus esfuerzos, el fue a ver al sabio Bharata y le pidio que lanzar5a sobre la pareja una tremenda maldicion. El sabio lanzo una temible maldicion sobre el joven Indra y la bella Ahalyâ, pero ambos dijeron al sabio y al rey:

"Sois dos estúpidos, lanzándonos esa maldición, estáis desperdiciando los méritos adquiridos por largas penitencias. Tu maldición destruirá sin duda alguna nuestros cuerpos, pero con eso no perderemos gran cosa. Nadie puede destruir la mente del otro".


       Efectivamente, la maldición llevada por el sabio destruyo sus cuerpos provocandoles la muerte, entonces volvieron a nacer, convirtiéndose en una pareja de ciervos amantes, luego otra vez como unos cariñosos pajaros, y después como una pareja  humana, de una santa y bondadosa familia. Y hasta este mismo día, a causa del tremendo amor que sentía el uno por el otro, siguen siempre naciendo juntos como hombre y mujer enamorados.

     


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